Select Page
Y no pude más retenerlo en el pecho

Y no pude más retenerlo en el pecho

Y no pude más retenerlo en el pecho.

Se volvió tan fuerte como el sudor en la piel, algo que tenía que salir de mi alma.

 

Me miraba al espejo y me veía con ojos amorosos, me veía hermosa, con la piel luminosa y las mejillas rosadas.

Mis ojos lo estaban viendo, ¿qué pasaba con mi cabeza?

¿Dónde me había perdido? ¿En dónde había dejado que la duda me asaltara de tal manera?

¿Dónde se quedó mi confianza?

La busco y no la encuentro… Siento este peso en mi espalda, en los hombros, debajo del cuello que me hace quedar inmóvil. 

¿Dónde esta?

¿A dónde fue a parar?

 

 ¿Por qué me siento abandonada?

¿Por qué dudo de mi cuerpo? ¿De cómo me veo?

¿Qué pasó con los recuerdos de admiración y deseo?

¿Cuándo decidí volverme invisible de nuevo?

Ese fantasma que parece no existir, trato de callarlo, de esconderlo pero no deja de gritar en silencio, dentro de mi.

 

Trato de volver a dentro: a ese lugar donde me han dicho que todo está, donde no hay vacío ni duda…

Y aún así la encuentro toda: toda la duda y más. Esa y otras. Las que pensé que ya no estaban, las que nunca se han ido, esas que solo se esconden por momentos.

 

 

¿Quien tiene que llegar a decir lo que eres o no eres, lo que vales o no vales, lo que mereces o no mereces?

 

Mis manos son hermosas, con ellas canto y bailo, sano y explico.

Mis ojos son brillantes, y grandes. Amorosos y apasionados.

Mi pelo es loco, inmanejable y terco.

Mi piel es suave, resistente y delicada al mismo tiempo.

Mi nariz sin vergüenza y dramática, llamativa y determinada.

Mi boca con labios tan delgados como un pincel y tan grande como un grito de auxilio.